martes, 16 de febrero de 2016

Tesoros Encontrados By Laura Gil Fiallo

El siglo XX rompió con los limites tradicionales entre las llamadas Bellas Artes o Artes Menores y las consideradas como " Menores" o " Decorativas" , sobre todo desde el momento en que firmas tan considerables como las Picasso, Miro o Lurcat aparecen al pie de piezas de cerámica o de tapicería, donde obviamente el diseño adquiere un rango de creación que nada tiene que ver como la mera- aunque no poco estimable- transmisión impersonal y atemporal de las tradiciones tipológicas y artesanales.

No solo los artistas, sino los historiadores del arte han tomado conciencia de la imposibilidad de considerar como piezas " menores " a la máscara de oro de Tuntankhamon, a los tesoros de los reyes visigodos o chibchas, al altar de esmalte y oro de la basílica de San Marcos en Venecia. Lo sorprendente del trabajo de diseño de joyería de una artista como Abril Troncoso no es, pues, la ruptura de los límites con unas barreras desde hace tiempo superadas, sino, lo que resulta mucho más interesante e innovador dentro del contexto de las artes contemporáneas, es, por una parte, la absorción de lo étnico y lo popular dentro de una expresión de carácter vanguardista.

Tendencia que han subrayado curadores de la talla de Kevin Power y Ticio Escobar, como características de la plástica latinoamericana de nuestros días, a la que consideran una gran cantera de creatividad todavía por explorar....Por otra parte, asimila también al diseño de joyas la estetica del " ready made”, u " objeto encontrado”, que sustenta expresiones neo dadaístas, neo conceptuales y surrealizantes, dentro de las más afinadas expresiones de nuestro tiempo. Piezas como las realizadas con vidrios arrojados y corroídos por el mar, dentro de lo que pudiéramos considerar una estética del " tesoro encontrado", asimila la naturaleza y la historia, la arqueología de naufragios y una poética de lo onírico-marino que nos hace pensar en Bachelard, y toda su hermenéutica de los símbolos del inconsciente y el agua.


Semillas, guijarros o residuos de objetos, no solo reescriben la semiología y la sociología del ornato del cuerpo, de los símbolos de estatus y de su fragilidad en el contexto de la violencia urbana, sino que resitúan la significación de la joya como amuleto o fetiche, en el sentido de objeto que canaliza los impulsos del inconsciente, abre al camino a los buenos sueños, espanta pesadillas y nos devuelve al centro psíquico en que descubrimos que el verdadero tesoro encontrado es nuestra capacidad de imaginar, fantasear y ensoñar, aquel corazón de la creación del que, según el epitafio de Paul Klee: “El artista está más próximo de lo que es habitual, pero nunca tanto como hubiese querido”.

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