El siglo XX rompió con los
limites tradicionales entre las llamadas Bellas Artes o Artes Menores y las
consideradas como " Menores" o " Decorativas" , sobre todo
desde el momento en que firmas tan considerables como las Picasso, Miro o
Lurcat aparecen al pie de piezas de cerámica o de tapicería, donde obviamente
el diseño adquiere un rango de creación que nada tiene que ver como la mera-
aunque no poco estimable- transmisión impersonal y atemporal de las tradiciones
tipológicas y artesanales.
No solo los artistas, sino los
historiadores del arte han tomado conciencia de la imposibilidad de considerar
como piezas " menores " a la máscara de oro de Tuntankhamon, a los
tesoros de los reyes visigodos o chibchas, al altar de esmalte y oro de la basílica
de San Marcos en Venecia. Lo sorprendente del trabajo de diseño de joyería de
una artista como Abril Troncoso no
es, pues, la ruptura de los límites con unas barreras desde hace tiempo
superadas, sino, lo que resulta mucho más interesante e innovador dentro del
contexto de las artes contemporáneas, es, por una parte, la absorción de lo étnico
y lo popular dentro de una expresión de carácter vanguardista.
Tendencia que han subrayado
curadores de la talla de Kevin Power
y Ticio Escobar, como características
de la plástica latinoamericana de nuestros días, a la que consideran una gran
cantera de creatividad todavía por explorar....Por otra parte, asimila también
al diseño de joyas la estetica del " ready made”, u " objeto
encontrado”, que sustenta expresiones neo dadaístas, neo conceptuales y
surrealizantes, dentro de las más afinadas expresiones de nuestro tiempo.
Piezas como las realizadas con vidrios arrojados y corroídos por el mar, dentro
de lo que pudiéramos considerar una estética del " tesoro
encontrado", asimila la naturaleza y la historia, la arqueología de
naufragios y una poética de lo onírico-marino que nos hace pensar en Bachelard, y toda su hermenéutica de
los símbolos del inconsciente y el agua.
Semillas, guijarros o residuos de
objetos, no solo reescriben la semiología y la sociología del ornato del
cuerpo, de los símbolos de estatus y de su fragilidad en el contexto de la
violencia urbana, sino que resitúan la significación de la joya como amuleto o
fetiche, en el sentido de objeto que canaliza los impulsos del inconsciente,
abre al camino a los buenos sueños, espanta pesadillas y nos devuelve al centro
psíquico en que descubrimos que el verdadero tesoro encontrado es nuestra
capacidad de imaginar, fantasear y ensoñar, aquel corazón de la creación del
que, según el epitafio de Paul Klee:
“El artista está más próximo de lo que es habitual, pero nunca tanto como
hubiese querido”.

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